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12 de noviembre de 2015

O contador de historias



Otra oportunidad 


Hermoso como los caracoles que se juntan en el agua caliente se levanta el árbitro de las abejas en la plantación inagotable de los nuevos errores.
Poesía pudo ser un cerebro que bailoteaba fox-trot en el túnel de los átomos pesimistas y poesía la liebre del rey escaqueándose por la ventanilla invernal de las secretarias eclécticas.
Amó al pájaro que florece y al cerrajero incunable hervido por los profetas.
El poeta es un buzo en traje de luces a prudente distancia de cualquier esposa.
Con solo escuchar la palabra noche se deshace la madeja de los estanques y las campanadas hundidas interceden por los camareros pecosos que entierran vivos en los cubiletes de arena lunar.
He visto cruzar por tu frente un pelotón de girasoles con destino a la Eneida.
La certeza de los que fracasan multiplicaba por tres la utilidad de la Tierra.
Hermosa como un ciclista al romper la cinta de las alpargatas en la Vuelta del Más Allá baja la hermana nieve a testimoniar su influencia sobre el agua secreta.
Poesía fue el hígado de Prometeo que guardaba Jiří Kolář en la mesilla de noche.
Poesía el malhumorado corazón del camarada Osiris plantado por el inatrapable en cada barómetro de la Acrópolis.
Se mire por donde se mire la brisa de los abanicos tiene demasiadas reticencias con el moho de los incensarios.
Hermoso como los caracoles que se juntan en el agua caliente y los gorriones borrachos de Dylan Thomas, el poeta aguarda tralarí tralará otra oportunidad.

J.C. Mestre
(del libro La bicicleta del panadero)


23 de noviembre de 2014

El Búho de Minerva



EL BÚHO DE MINERVA


La filosofía siempre llega demasiado tarde, decía el carracuca de Hegel
la filosofía siempre llega de todas maneras demasiado tarde, volvía a repetir un resignado Hegel en cuanto prefacio se le ponía por delante
lo que era válido para Alemania no era tan necesario en la provincia de Lugo
un territorio que dormita bajo las nieblas, con murallas romanas que rodean la capital del crepúsculo
en cualquier bar de Lugo un paisano puede poner a caldo al Búho de Minerva y con las mismas la Fenomenología del Espíritu
se sabe por aquí que la muerte es un mal de la naturaleza
como el granizo o las heladas fuera de tiempo
manías carentes de significado que hacen la puñeta tanto en tiempos tormentosos como apacibles
las murallas de Lugo no son menos inexpugnables que la Fenomenología de Hegel
la gente por aquí discute del Absoluto mientras se toma un vino y no se complica en exceso con las formulaciones del Yo
naturaleza e historia están al cabo de la calle y si Heráclito es el inspector de los contadores de agua, Parménides es el cartero que reparte las contribuciones catastrales
no hay polémicas sobre la modernidad en Lugo
Ser y No-Ser bajan al huerto cada mañana
riegan las hortalizas, recogen las judías, sulfatan los pimientos
diríase, por aquello de la elocuencia, que se trata de una conducta generalizadamente platónica la que tiene asumida la gente de Lugo y provincias limítrofes
la esclerosis sistémica alcanza la raya de Vega de Valcarce y siguiendo el curso del Burbia llega hasta Villafranca del Bierzo donde los debates sobre la modernidad tienen muchos admiradores
pero en el Bierzo el aristotelismo ya es otra cosa
allí no se come pan con pan ni cachelos a la fenomenológica
sino refinamientos enciclopédicos a la altura de Palas Atenea
la cosa tiene su asunto si pensamos en Hegel
como verdaderos conocedores de su esencia de esencias estaríamos más de acuerdo con Alemania que con los vecinos de Lugo
en el fondo toda teoría armónica pasa por cuatro puntos y dos tomos de Lógica
sin embargo el problema aquí, hoy día, es encontrarse con alguien que haya leído un libro
otro tema algo más que vidrioso para que te apedreen los del Atleti Club de Kant
tan compenetrados con el universalismo de los déspotas y la arrogancia de los totalitarios
nada de símbolos el prójimo ha sido eliminado sin ninguna misericordia
y caído el de Berlín los jóvenes mean insultos contra la muralla de Lugo
pasa el río Sil por Lugo y por Ponferrada y donde antes se oía decir Yo ahora parece escucharse Nosotros
las mismas aguas negras que con voluntad didáctica desembocan en la casa de acogida para pobres del viejo espíritu germánico
quedan en evidencia un par de chorradas: la noción del Dios-padre y la ambigüedad sobre los conceptos de lo bueno y lo malo
es más que probable que Heidegger eche luz al asunto
pero ya metidos en harina lo mejor será volver sobre nuestros propios pasos a las tabernas de la hermenéutica
una brisca entre Saussure y Gasset contra Bachelard y Marcuse la noche cae a plomo sobre la pizarras negras de la villa del Valcarce
y la fermentación del saber absoluto que administran las aguas lava la extrañeza y la polémica de los bandos
así están las cosas al día de hoy
primeros de diciembre del dos mil y pico
para ser exactos

Juan Carlos Mestre

15 de abril de 2014


"... para quien las trabaja"


(...) Lo que el poeta dice,
lo que dice el poeta a la adivina,
al bisabuelo judío que dormía en la comuna
y aún vaga con su barba blanca por ahí
proclamando su consigna a las abejas:
Las estrellas para quien las trabaja.


(Fotografías del espectáculo "Las estrellas para quien las trabaja": poemas de JC Mestre, música de Cuco Pérez, dirección de Miguel Ángel Varela)


2 de septiembre de 2012

Escrito en el agua







Adiós Roma, adiós dolorosa luz indescifrable,
adiós elocuente sueño, resplandor sin noche, huracán de astros,
adiós fúnebres coronas que dormís en los eclipses, cintura de los arcos,
adiós nublado reino del otoño, guante del revés, adiós nocturno sol anciano,
adiós sílabas del agua, arbusto inmaterial de las estatuas,
adiós aposento del amor, van a separarnos, adiós deseo, adiós cielo profano,
echad la risa al fuego, cerrad la luz desnuda con candado,
no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo humano,
quién cortará la flor enferma de las calles, qué lobos viejos, qué ojos curvos bajo la ulcerada carne de los vivos,
hacia qué tesoro de losas y ceniza irán los desunidos pasos del impostor y el apacible anónimo,
a qué corral de palo, a qué tacto de ciudad el desterrado domador de la amargura,
oh Roma sin motivo, Roma olida por el fúnebre hocico del cangrejo, Roma desmembrada diente a diente,
quién desde las grúas del entresueño, quién desde el gran miedo del forzoso mar,
todo se traiciona, todo lo que se ama alguna vez se pierde,
adiós estrella negra del pianista, adiós prisa de la tierra,
la alcoba esta vacía, en vano la hipótesis del cisne junto a la carne muerta,
en vano ya la brizna, la nube en vano, el mapa de los vientos:
Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua.

Juan Carlos Mestre [La tumba de Keats]